Consumo Colaborativo como modelo ecológico : el “come back” del sentido común.

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Nos gustaría recordaros que la explosión del consumo colaborativo se ha debido a varios fenómenos simultáneos. Estos factores han sido varios: la crisis que comenzó en 2007, que todavía seguimos sufriendo, el avance de las nuevas tecnologías que nos hace estar hyperconectados y el deseo de volver a tener un vínculo social más fuerte con las personas que nos rodean, en un mundo demasiado individualista.
Un último factor se añade a esta lista , se trata de la conciencia ambiental.
Pero ¿qué milagro ha hecho resurgir a la conciencia ecológica tras décadas de hiperconsumo?
La respuesta es simple y alentadora: el regreso del sentido común.

De hecho ha habido en los últimos años una conciencia masiva del impacto ambiental, positivo o negativo, que generamos todos nosotros a través de nuestra forma de vida.

Comercio justo, movimientos ecologistas, las diferentes asociaciones para la preservación de la agricultura local, compartir coche, los partidarios de que tiene que llegar una nueva fórmula económica fuera del consumismo, el boicot a la industria alimentaria, el cuidado de nuestra madre Tierra… Cada vez desde más sectores se han encontrado los límites de nuestro sistema económico actual, basado en el consumismo, y han comenzado a cuestionar el modo de consumo que ofrece la sociedad en la que vivimos. La carrera por la rentabilidad y el crecimiento, ha causado daños al medio ambiente, daños a los recursos de nuestro planeta, e incluso a nuestra propia salud. Aquellos que recuerdan los años 70, 80 e incluso los 90, pueden testificar que no había conciencia ambiental real. Resumiendo, no existía el consumo responsable. La existencia de un partido político ambiental, era algo que no se comprendía, y minoritario. Vivíamos en una sociedad centrada en el consumismo.

Sin embargo, hay un gran punto de inflexión. Un estudio encargado en CREDOC (Centro para el Estudio y la Observación de Vida) ha listado y analizado cientos de encuestas sobre estilo de vida a la población francesa, en los durante los últimos veinticinco años. Los resultados demuestran una evolución del comportamiento de los consumidores y un aumento de la conciencia ambiental. Se ha pasado del consumismo, el comprar por comprar, con una lógica lineal, a aun comportamiento llamado “circular”.

La economía “circular” se puede definir como un sistema económico de intercambio y producción en todas las etapas del ciclo de vida del producto, tiene como objetivo aumentar la eficiencia del uso de los recursos y reducir el impacto en el medio ambiente.

Lo podemos ver con un ejemplo que nos encanta a los amantes del Consumo Colaborativo, el del taladro. Su tiempo medio de uso en toda la vida útil de este producto, es de 12 minutos. Aquí es donde el sentido común, incluso si está muy escondido en lo profundo de nosotros, interviene.

Parece bastante lógico hacer estos dispositivos accesibles a varios usuarios, ya que una sola persona lo usa tan poco tiempo.

De este modo, se optimiza el uso de objetos y productos, ya que un mismo producto, es utilizapara satisfacer las necesidades de varias personas.

De este modo, se reduce la presión sobre los recursos naturales necesarios para producir estos objetos y la cantidad de residuos producidos en el proceso de producción.

Y es este tipo de razonamiento lleno de sentido común, es el que impregna la mente y explica el entusiasmo de los consumidores por las plataformas de consumo colaborativo.

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En el pensamiento de las personas urbanas, la preocupación ambiental está unida al consumo colaborativo, tanto es así, que según datos de Liligo, el 82 por ciento, piensan que esta forma de consumir es más ecológica.

Una proporción mayor entre los jóvenes (89% piensan de este modo, de los 18 a 34 años).

Lo que atrae a alguien al Consumo Colaborativo no es siempre es por lo que se queda con él.

Por ejemplo, te puedes registrar en BlaBlaCar para ahorrar dinero en los viajes, por razones económicas, pero al usar este sistema para compartir coche, te das cuenta de que ayudas al impacto ambiental, reduciendo la emisión de CO2 en la atmósfera, lo que permite consumir menos energías fósiles, etc…

Otro ejemplo, puedes entrar en las plataformas de compra directa al productor, como La Colmema que dice Sí, ya que eliminan los intermediarios reduciendo el coste final del producto.

Pero además de comprar más barato, estás apoyando a la agricultura local, que hasta este momento no ha podido levantar cabeza debido a la distribución de la industria agroalimentaria.

Mayor agricultura local, quiere decir menos transporte, menos emisiones de CO2, menos usos de pesticidas, etc.

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Así, a través de sus diversas iniciativas , la economía Colaboración sentido común reactiva en Población , que es un bien Razón más para unirse a esta forma de consumo “circular”.

Pero busque Iniciativas equivalente existía antes de la llegada del Consumo colaborativo . Esta búsqueda de sentido , ya iniciada , bien podría encontrar un terreno de la ONU de expresión adecuado dentro colaborativo del Consumo , y de avanzar hacia un modelo ecológico .