¿Y qué pasa con la economía tradicional? Hacia la fusión con el consumo colaborativo

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El consumo colaborativo, y la evolución constante del alquiler de productos, intercambio, préstamo o de la compra directa al productor, ¿están conduciendo al abandono del sistema tradicional de consumo? El Consumo Colaborativo nos permite ser a la vez consumidores y productores o vendedores, por ejemplo, si compramos un producto que utilizamos, lo podemos vender para monetizarlo tas su uso. Los economistas están perplejos en cuanto a la forma de medir y analizar esta nueva actividad. “Vamos a tener que inventar nuevos instrumentos económicos para entender el impacto de esta nueva economía del compartir”, dice Arun Sundararajan, profesor de la Universidad de Nueva York que estudia el fenómeno.

La gran pregunta es si todo esto crea un nuevo valor, o simplemente reemplaza los negocios tradicionales existentes.

La respuesta es, sin duda, ambas cosas ocurren. Hay un efecto negativo a corto plazo sobre la economía tradicional, ya que grandes empresas ancladas en el pasado ven como sus clientes se decantan por pequeñas empresas que abrazan el consumo colaborativo. Pero a medio y largo plazo, gracias al Consumo Colaborativo el dinero está en movimiento, y las grandes empresas se adaptarán a las nuevas normas del juego, por lo que el efecto negativo desaparece.

Economía tradicional contra la economía colaborativa: tiempos de enfrentamientos

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Agresión de taxistas españoles a un conductor de Uber

Para justificar que no se ahogaba la economía clásica del turismo debido al Consumo Colaborativo, Airbnb (la web alquiler de apartamentos que cruzó el umbral de las 10 millones de noches reservadas) encargó el año pasado un estudio sobre el impacto económico en San Francisco, y demostró que con el alquiler de Airbnb (a menudo más barato que un hotel), la gente se quedó más tiempo en la ciudad, y gastaron un promedio de 1000 € en la ciudad, en comparación con los 800 € que gastaron los clientes de los hoteles convencionales.

A pesar de sus esfuerzos de comunicación, Airbnb y otras nuevas empresas de la economía colaborativa han sido señalados por afectar muy negativamente a la economía tradicional.

Por ello, se enfrentan a un muro enorme levantado por grandes corporaciones que piden ayuda legal al Estado para acabar con el Consumo Colaborativo.
De este modo,  se le impusieron a Airbnb, el servicio estrella del Consumo Colaborativo, 30 000 € de multa por violación de la Ley de hoteles en Barcelona, ​​y están en juicio con el estado de Nueva York por la “operación ilegal de bienes”.

Uber no se queda quieto, a pesar de tener problemas con la ley en todo el mundo: Corea, España, Canadá, California…

La legislación se ha endurecido contra Uber tras las protestas del gremio de los taxistas en España, y se ha prohibido por el momento. Pero esto no significa que Uber vaya a desaparecer, se tendrá que adaptar y plantear otras posibilidades, teniendo en cuenta la opinión del sector de los taxistas. En Francia por ejemplo, la ley que prohíbe la existencia de Uber, ha sido anulada, y se ha permitido el uso del proyecto pero con alguna restricción.  Lo que está claro es que la mutación del sector está totalmente en marcha, gracias al Consumo Colaborativo.

Todas los intentos de las empresas tradicionales por hundir este nuevo sistema de economía, no podrán acabar con  los recién llegados, ya que, las innovaciones se pueden retrasar, pero no se pueden silenciar ni parar en los tiempos que corren.

Se puede hacer una analogía entre el consumo de música vía internet y el Consumo Colaborativo.
Tenemos básicamente el mismo proceso: El primer pensamiento de la industria musical tradicional fue, por supuesto, oponerse a este nuevo modo de consumo, e intentar prohibirlo. Pero es difícil ir en contra de los intereses de los consumidores. Posteriormente, es un hecho que la industria discográfica se ha adaptado, y nos ha traído nuevas formas para consumir música, sin ir más lejos, Spotify.

¿Hacia una fusión de la economía tradicional y el consumo de colaboración?

Las empresas y actores de la economía tradicional, tendrán que adaptarse e integrar una estrategia de “consumo colaborativo”, si no quieren transitar por el mismo camino que la industria discográfica o incluso desaparecer por completo.

Algunas empresas ya han comenzado a desarrollar una integración de la estrategia de economía colaborativa, 24 de ellas están participando en una iniciativa llamada Crowdcompanies
“Nuestro objetivo es ayudar a las marcas a entender y entrar en la economía de colaboración”, Jeremías Owyang.

“Con el aumento del consumo colaborativo, los propios individuos sustituyen a las empresas, y comienzan a producir y vender bienes y servicios por su cuenta, en lugar de comprar: las marcas deben comprender este hecho y proponer su nuevo valor añadido en este nuevo ecosistema”.
En otras palabras, esta iniciativa, ayuda a las empresas a anticipar futuros usos del Consumo Colaborativo, y ayudarles a beneficiarse de él.
El primer paso para las empresas tradicionales, es asociarse de algún modo a proyectos de Consumo Colaborativo, para dar nuevos servicios y aportar valor.
Virgin Airlines, por ejemplo, se ha asociado con Taxi.to para permitir a los viajeros la posibilidad de compartir el precio de un taxi después de un vuelo.

Otras empresas tradicionales, como Home Depot, permiten a los clientes alquilar herramientas en lugar de comprarlas para usarlas una sola vez (el famoso taladro y los 12 minutos que lo usamos en toda la vida ;))
Si a primera vista, se podría pensar que esta iniciativa va en contra de sus propios intereses comerciales, Home Depot decidió integrar este concepto dentro de su negocio con una visión a largo plazo.
De este modo, los clientes potenciales pueden conocer de dos formas los productos de esta empresa, a través de la venta tradicional directa, o a través del alquiler de estos productos, y sin necesidad de acudir a otros proyectos de p2p de Consumo Colaborativo. Todo queda en casa.

Actualmente nos encontramos en el comienzo, pero hay una apuesta segura por que la economía tradicional y la economía colaborativa se fusionarán para ofrecernos nuevos negocios que interesen tanto a los consumidores tradicionales como a los consumidores que abrazan la economía colaborativa.

Una evolución del Consumo Colaborativo que no existe debido a una visión más humanista de las empresas tradicionales, sino más bien gracias a una comprensión pragmática de que el consumo colaborativo es imparable, y está aquí para quedarse.

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